Archivos Mensuales: julio 2011

Las mimosas

Creo que ahora tendré que pedir permiso para morir un poco. Con permiso ¿eh? No tardo. Gracias”, fue lo que alcanzó a decir la chistosa de Larga antes de quedars…Casi siempre el “trance” las sorprende tomando sol, hablando, o dejando chistes a la mitad. A las pobres “interrumpidas”, como las llama el Dr. Grillo, el del sombrero cómico, les toca esperar horas para volver a la vida. Es normal verlas así en la noche, como en el limbo, sin saber si están vivas o muertas. Vuelven en sí moviéndose lento, len-to, muy l-eee-nnn-t-oooo. Menos mal que tienen memoria de cucaracha y al día siguiente no recuerdan nada. Se levantan con el primer rayo de sol y como si fueran las mejores gimnastas del planeta estiran su cuerpo hasta no dar más.

Pero eran apenas las 10 de la mañana y ya Larga y sus ‘mellas’ estaban “durmiendo”. Esta vez, la culpa fue de Juan David, que pasó corriendo y las tropezó, sin darse cuenta de que las había pisado. Quedó atónito, boquiabierto, perplejo. Dejó de importarle el sol o el calor, mucho menos la caminata en subi-baja. Limpió el sudor que corría por su frente y patillas, parando aún más sus cabellos rubios. Se agachó para mirarlas más de cerca. Sin duda, había descubierto algo. Tuvo que guardar silencio y seguir el camino, ya iba bastante “distraído”. No le quedaba más que seguir mucho más atento mientras planeaba la forma de adivinar cómo había sucedido la magia.

-¿Se murieron o las asusté?-pensó-mientras miraba de reversa toda aquella perfecta composición de la naturaleza. Comenzó entonces a zapatear interrumpiendo con sus pisadas la tranquilidad de aquellos cacaotales. El paso de las gigantescas mariposas verde hoja con marrón o de las bonitas naranjitas lo distraían por segundos de su misión, pero pronto volvía a intentarlo. Tenía que repetir la asombrosa hazaña. Pateaba todo a su paso, como si apuntara a una pelota de fútbol invisible. Abanicaba alto y fuerte a la nada, repitiendo en su cabeza, una y otra vez, sus momentos de gloria frente al arco. Corría, brincaba, nuevamente zapateaba, se sacudía, nada se movía. Pensó en devolverse por si la magia sólo ocurría en ese pedacito, pero ellas ya iban muy adelantadas y le dio miedo quedarse solo. Como nada funcionaba, aplicó otra fórmula, iba casi a  gachas, pasando las manos por lado y lado del camino, girando, caminando en zigzag, saltando, no quería dejar de tocar ningún lado. Era difícil, no alcanzaba, se empinaba, pero ni piedras había en el camino para poder treparse.

-¡Juan David, apúrate, aún falta un kilómetro de camino!, gritó Laura a lo lejos, macheteando con su grito la armonía dulce de naranjos y limoneros e interrumpiendo la intensa búsqueda.

La carrera para alcanzarlas la detuvo en seco un señor viejito viejito que caminaba casi a ciegas guiado nada más que por una enorme bestia. El animal venía cargado con dos bultos color tierra, amarrados por una cuerda. Algo parecido a una almohada separaba la piel de aquel viejo caballo de la yuca y las mazorcas que desbordaban los costales. Bastón de guadua en una mano y cuerda en la otra iban más adelantadas que las lentas pisadas de aquel hombre que tenía por cara un sombrero y por impulso los rayos del sol mañanero.

Sintió miedo. Siguió bajando la cuesta con paso apurado, pero los cómicos peos del caballo hicieron que se volteara hacia atrás. Con una sonrisa que no pudo esconder Juanda se paró a mirar mientras el caballo se poposeaba en el medio del camino mientras comía. Le pareció raro. Por debajo de la cola salían pelotas verde claritas con marrón y aunque no dejaba ni un momento de moverla-como espantando moscas-aquel chorro de bolas no paraba. Levantó su cara. El sol no dejó que mirara hacia adelante con claridad. Buscó con la vista a su mamá, ya estaba demasiado lejos. Sus tías tampoco se veían, mucho menos “Cobardina”, su hermana mayor. Se acercó un poco más a pesar del olor a mier…una de las pelotas alcanzó a salpicar más lejos, casi a la orilla del camino, e inesperadamente ocurrió de nuevo la magia.

Sin dudarlo, se abalanzó sobre aquella plasta y limpió con sus propias manos el terreno. Todo a su alrededor estaba lleno de unas florecitas con pelitos morados, blancas en la punta y amarillas al centro. Ya sabía cómo reconocerlas. Entonces, tuvo tiempo de pensar en un instante de duda, ¿funcionaría o no si lo hacía con sus propias manos? Pasó con desconfianza una de ellas por encima de las maticas. Todas sin excepción encogieron sus hojas y el verde brillante, como en cámara lenta, se fue oscureciendo. Se quedaron dormidas, desmayadas o muertas, ya daba igual. Los cuatro dientes blancos, grandes y definitivos de Juanda, se asomaron para presagiar aquel momento de triunfo.

Ya sabía cómo hacer la magia y nunca lo olvidaría. Se levantó, más que feliz, limpió sus manos en el pantalón, y siguió en carrera recorriendo la finca de su abuela. Así, las voces firmes, agudas, bajitas, chistosas, tersas y graves, todo aquel bullicio que hacían las miles de mimosas del camino, se veía de pronto silenciado por la mano o el pie del inquieto niño. Orgulloso pensaba que en la tierra de sus padres él también gobernaba.

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Y todas las anteriores…?

A propósito de un comentario que dejaron en mi post anterior, me pregunto, deja uno de pensar en los amores que ha tenido a lo largo de su vida?

No tienen fantasías, incluso sexuales, una que otra vez con algún amor del pasado?

No le dedican algunas veces, algún pensamiento nostálgico a alguno de sus viejos amores?
Yo definitivamente sí y todas las anteriores.

12…

Un año más…

Llegamos a 12

Feliz no aniversario Pe.